jueves 17 de septiembre de 2009

Espantosamente breve



Leía el otro día un artículo de Maruja Torres, que no es que me entusiasme demasiado pero sí que de vez en cuando su mirada lúcida y su sentido -femenino- del humor, vienen a rescatarme del sopor que me invade -cada vez más- al leer la prensa. Venía a decir, a reflexionar sobre esa sensación que nos empieza a asaltar cuando vamos cumpliendo años, la de que el tiempo vuela.

..." a partir de cierta edad, el tiempo nos parece espantosamente breve, básicamente porque la mayor parte de lo que tenemos por detrás lo hemos utilizado aprendiendo a vivir, con el consiguiente desgaste personal, el desperdicio de no haber sabido que éso -escoñarnos en todos los sentidos y sacar enseñanzas, luchar por un poco de felicidad, realización o supervivencia-, eso, precisamente, era todo. Sólo cuando nos atrevemos a arriesgar, cuando no nos conformamos y vamos al encuentro de lo que sea que quede por vivir, es entonces cuando se siente el tiempo pleno".

Así visto estamos casi todos de acuerdo, llevarlo a los hechos ya es algo más complicado porque intervienen factores que no siempre dependen de uno en su totalidad. Dejando eso aparte es, fundamentalmente, cuestión de echarle valor y voluntad. No arriesgamos por miedo, nos conformamos por miedo y es por miedo que preferimos quedarnos como estamos a probar algo nuevo, quizá mejor. Existen tantas justificaciones para el miedo como personas y cada uno encuentra siempre aquella en la que más cómodamente puede escudarse. Pero todas se resumen en una, miedo a perder. Y es el mismo miedo de ver cómo nos vamos perdiendo en el tiempo que nos pasa por encima el que nos impide volar sobre él.

4 comentarios:

  1. Huy... cómo me ha gustado ésta entrada tuya. Me recuerda a muchas conversaciones de esas que hemos tenido tú yo tantas veces. Tiempo... me falta tiempo para comerme el tiempo,para bebérmelo. Como la vida. El tiempo es vida y la vida, pasa tan deprisa.. verdad? Hablas del miedo a arriesgar, pero cuando algo merece verdaderamente la pena se arriesga el alma y hasta la misma vida. Que luego vienen las hostias? Pues que vengan, pero que a mí no me lo tengan que contar. Quiero vivirlo. Quiero continuar aprendiendo a vivir.

    Besos, muchos.

    ResponderSuprimir
  2. Estoy absolutamente de acuerdo con tus reflexiones, el miedo paraliza, cada uno tiene sus miedos, pero el resultado siempre es el mismo, la inmovilidad, el dejar pasar el tiempo y lamentarnos después de lo rápido que pasó…
    Respecto a Maruja Torres, no he leído nada de ella, la he visto en escasas ocasiones por la tele. Y, por algún motivo que no sabría explicar, nunca me ha simpatizado, esas filias y fobias sin sentido que a veces tenemos los seres humanos, quien nos entiende que nos compre, si tiene tiempo jejeje…

    Un beso

    ResponderSuprimir
  3. Somos tan frágiles que la vida siempre está en riesgo, Myra, pero arriesgarla así como así ya es temeridad, no? De todos modos entiendo lo que dices, demasiado lo entiendo...

    Me gustan tus alas.
    Besos, muchos.


    El miedo paraliza y la ilusión moviliza, así es, Viv. Y si alguien, simpático o antipático, consigue remover algo en mi interior, ya me está bien. Recuerdo una frase que dice Mozart en Amadeus, "yo puedo ser mediocre pero mi música no lo es".

    Pos eso.
    Gracias y un beso!

    ResponderSuprimir
  4. A partir de los veintitantos y con cada nueva década el tiempo parece escapársenos de las manos. Dicen que a esa edad empezamos a mostrar los primeros signos de envejecimiento. Quizá porque hasta los veinte casi todo nos parece nuevo se vive con más emoción y entusiasmo el día a día. No perdamos entonces nuestra capacidad de asombro e ilusión, y a lo mejor conseguimos librarnos de esa desasosegante sensación de fugacidad. No sé no sé, difícil lo veo...

    Saludos.

    ResponderSuprimir